martes, 17 de agosto de 2010

Daniela Boueche


“LAS REGLAS DEL ARTE”
Por Daniela Boueche

Cae un poco en contradicción al mencionar una “sociología de la percepción artística” como ocasión de borrar los rastros de “intelectualismo”, pero no es el intelectualismo un labeling social en sí?, es ésta la que considera a un sujeto intelectual o no, es decir que durante el proceso de percibir se debe pensar (o no se debe pero se hace), idealizar y razonar la obra para poder llevar a cabo la decodificación y desciframiento de  tal, pero esto puede variar en tiempo y espacio, por ejemplo, ante una pintura, un espectador de edad adulta no tendrá jamás el mismo punto de vista que el de un infante, o un mexicano que el de un inglés.
Cuando dice que el placer estético y puro debe de ser experimentado por todo hombre, me viene a la mente la ironía que comenta Tolstoi en su texto “Que es el arte?”, en donde pone el ejemplo de cuando los artistas son patrocinados para hacer obra por el Estado, el cual a su vez obtiene el dinero del pueblo, pero es éste el que tiene que limitarse y verse orillado a renunciar a ciertos placeres por pagar los impuestos, por lo cual son ellos, los que en realidad le pagan al artista y  ni siquiera son invitados al openning y en ocasiones jamás llegan a conocer siquiera las galerías de arte, lo cual provoca (y con justa razón) que se pregunten si el “arte” realmente lo es, o es solo un lugar social que se le da a tal objeto o acción.
La percepción es un acto de reconstrucción, por que el artista ya le ha dado a la obra desde un comienzo un código implícito por la idea, por lo que el espectador o “lector” está tomando ese código y lo está convirtiendo o traduciendo a su propio lenguaje conforme a su capital simbólico.
El valor estético de las obras no puede ser pensado como tal, es decir, independientemente del valor económico, lo que le pone el valor monetario a la obra es el material que se utilizó para tal y el virtuosismo técnico del pintor, su idea, su intención, por lo cual una cosa no funciona sin la otra.
Cuando el espectador compra una obra de arte es por que debe sentirse a gusto con ella, debe crearle una sensación de placer, pero la obra de arte en si no busca que el hombre vea lo que ya sabia que era, sino que lo reafirme y se sienta a gusto con ello. La experiencia artística debe sentirse, es cuestión de sentido y de sentimiento, no de desciframiento y razonamiento (contradicción).

Los colores también pueden dar un valor monetario ya que permiten dar énfasis, por ejemplo cuando se aplica el valor económico de los colores al valor religioso de los soportes iconográficos: el oro para jesus, la plata para la virgen, etc. La experiencia de la belleza= relación entre el cuerpo socializado y un objeto social para satisfacer todos los sentidos.

1 comentario:

  1. si esto fuera una pieza yo la compraba aunque sea en abonos chiquitos, hay piezas que por su contexto o realidad que las vuelve "obras de arte" son horriblemente bellas!

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